LA GRAN BATALLA DEL FÚTBOL

Por: Bosco Catari y Raúl Catari


Los eternos rivales empataron 2 a 2. Fue una tarde de domingo para el infarto. La magia de los goles llegó en ambos tiempos. Y los hinchas, empuñaron al cielo las banderas, camisetas, y dispararon papel y humo para bendecir al equipo de sus amores. A ratos, el Siles pareció temblar. . Nosotros no lo olvidaremos. Y ¿usted que vio y escuchó, lo hará?

Fue una tarde de domingo, a los lejos en el horizonte amenazaba una tormenta, el viento empezó a soplar con mayor violencia que de costumbre, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, como presagiando una tarde fría. Pero a los cerca de treinta mil espectadores ubicados en las gradas del Hernando Siles parecía no importarles. Y es que nada importa cuando se trata de alentar al equipo de sus amores. Los colores que llevan marcado en sus corazones desde muy niños los llaman para ser defendidos. Unos de oro y negro, los otros de celeste como el cielo; The Strongest y Bolívar. Los eternos rivales que se aprestaban a saltar al campo de juego, en medio del nerviosismo de sus seguidores para disputar otra batalla de futbol.

De pronto ingresaron unos hombres vestidos de rojo sangre, eran los árbitros del partido, los silbidos e insultos surgieron de los cuatro sectores del escenario. Momentos después empezó a estremecerse la tribuna sur, luces de bengala con los colores oro y negro salieron disparados al aire, la gente se paró de sus asientos y empezó a cantar Tigre, tigre, tigre, mientras lanzaban papeles picados y agitaron las banderas, ahí estaba el equipo de Achumani, el atigrado, el Tigre, el derribador de campeones, el gualdinegro, El Club The Strongest. Apoteósica y magnifica fue el recibimiento a los once guerreros que defenderían los colores del equipo de don “Rafo” Mendoza. La tribuna norte también empezó a vibrar con el ingreso de sus gladiadores, aunque el recibimiento fue menos esplendoroso que los del frente. Pero igualmente emocionó a los jugadores vestidos de celeste.

Comenzó la batalla, los vestidos de oro y negro tenían la obligación de ganar no sólo porque estaban necesitados de los puntos, sino que debían responder a la fidelidad de sus hinchas, y así lo hicieron, empezaron a atacar con todo al rival, éste no salía del asombro por la tenacidad y la fiereza con la que sus rivales los atacaban y así llegó la primera explosión de jubilo en el sector sur, fue una bomba que hizo temblar al pollo. Limberg “el bomba” Gutiérrez abrió el marcador ante la desesperación de Carlos Arias. Dos minutos más tarde apareció nuevamente el muchacho surgido en las inferiores del gualdinegro, “El Chumita” como le dicen sus amigos. Alejandro Chumacero dejó sentados a un par de rivales. Sacó un centro que confundió a los rivales que no sabían si patear al rival o a la pelota. Esta confusión fue bien aprovechada por Tiago Leitao quien hizo vibrar nuevamente la tribuna sur. Hubieron otros momentos en los que si se lo proponía el tigre hubiera liquidado definitivamente el encuentro, pero Carlos Arias y a veces la fortuna le negaron esa posibilidad, así terminó la primera parte.

En el segundo tiempo las cosas cambiaron, los vestidos de celeste salieron decididos a revertir el encuentro. Por su parte, el rival aunque un poco más cauteloso seguía atacando. Fue una jugada confusa la que señaló la suerte del partido. Tiago Leitao de acuerdo con la percepción del hombre de rojo habría golpeado a un rival, por esa actitud fue echado del partido. No se recuperaban todavía de la drástica determinación del juez cuando un uruguayo goleador ante centro del muñeco Da Silva punteó la pelota que ingresó caprichosa a la meta defendida por Fernández, la tribuna norte y medio estadio saltó de emoción. Los minutos posteriores fueron de mucho dramatismo, las jugadas iban y venían. Llegó el minuto cuarenta y un centro aparentemente no muy peligroso fue bien capitalizado por Da Silva que sacó ventaja del temor y la falta de decisión del golero atigrado mandando el balón en el fondo de las redes de la sur. La gente no lo podía creer, como un equipo sin alma en el primer tiempo había logrado sacar fuerzas de flaqueza para lograr la igualdad, como el rival que tenia todo para liquidar se lo había permitido.

Los minutos finales fueron dramáticos, más aún la jugada final, la pelota caprichosamente se negó a ingresar en la valla norte. Vaya a saber uno porqué. El arquero estaba batido, la gente en la sur ya se había parado para festejar pero la redonda no quiso ingresar al arco. Y así terminó la batalla del mejor clásico de Bolivia, empatado, sin vencedores ni vencidos, a la espera de la próxima cita que será igualmente emocionante. Otra batalla para el infarto. Otro clásico eterno, donde la hazaña será encajar la pelota en el arco contrario.

Autores:

Bosco Catari Yujra* y Raul Catari Yujra*
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