LA PENA DE MUERTE: ¿DEBE APLICARSE O NO?

AUTOR: RUDY VLADIMIR GUARACHI COTA
En estos días se habla bastante sobre la muerte de dos periodistas en la ciudad de El Alto, quienes fueron encontrados sin vida en la carretera a Laja.

Esta conducta delictiva dio comienzo a la exigencia de la pena de muerte como sanción por parte de la población alteña. Esta solicitud más allá de ser un mecanismo de castigo es y será un instrumento progresivo de primitivismo, es decir que nuestra población ira retrocediendo en educación humana volviéndose primitivos socialmente. Esto se puede corroborar en las acciones tomadas luego de capturar a los “supuestos” culpables, pues la población tomó la justicia por mano propia, destruyendo autos, muebles, ropa, entre otros.
Estas acciones más allá de ser una amenaza a futuros delincuentes sólo demostró el vandalismo de las propias personas. Y es que todos culpan, juzgan y castigan a delincuentes sin siquiera saber las causas por las que ese individuo actúa así. La ciudad de El Alto cuenta con uno de los mayores índices de pobreza y a la vez delincuencia. Entre algunos factores que provocan aquello es la intolerancia, egoísmo, discriminación de los propios alteños que no brindan oportunidades a los que lo necesitan, induciéndolos a muchos de estos a cometer actos delictivos como última alternativa.
Lo más irónico es que se pretenda incluir en la legislación la “pena de muerte” que sería una acción totalmente anti-constitucional. El país se rige por varios principios entre ellos el de reinserción social, es decir que el estado pretende volver a incluir en sociedad a un delincuente respetando todos sus derechos. Además que el estado Boliviano está suscrito a convenios internacionales como Derechos Humanos, Pacto de San José y Costa Rica, entre otros, en los que se compromete a respetar la vida humana y salvaguardar su integridad física.
Foto: www.cambio.bo
Texto: RUDY VLADIMIR GUARACHI COTA
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