EL CHUECO: TALENTO DESPERDICIADO

Autor: Bosco Catari Yujra

De cabello mediano semi enrulado, una barba de varios días, caminaba meditando sobre la suerte que le había deparado el destino. La desdicha de la traición nuevamente había tocado su puerta. Al conocer a Fanny, Fede pensó que por fin había encontrado a su alma gemela, sin embargo pronto empezó a conocer de varias amistades masculinas de aquella mujer de apariencia modosa.
Ese sábado fatídico, Fede salió una hora antes de la oficina porque la energía se corto, fue por unas rosas, últimamente la relación con Fanny se había tornado monótona, irían a pasear, por la noche la llevaría a cenar. Me quedo por favor, anuncio, el minibús se detuvo. Tan contento iba que no se percato que había llegado a la casa de su novia; la puerta se abrió y un hombre joven salió, pregunto por ella, a lo que el hombre empezó a gritar amorcito te buscan. No quiso pedir explicaciones, simplemente dio la vuelta y empezó a caminar. Tenia que poner en orden sus ideas. La posibilidad de ser victima de una nueva traición lo tenia sumamente aturdido, así entre distraído y meditabundo llegó a un barrio humilde.

Era una cancha descuidada de la ciudad de El Alto, en medio de unas construcciones de adobe, casas pobres como sus habitantes. Unos chicos disputaban un partido de fútbol, corrían como desaforrados tras esa pelota vieja llena de remiendos. El futbol como para muchos debía ser era el único escaparate para aquellos inocentes de la miseria.

Uno, un tanto chueco, de rostro dorado por el sol, narigón y de poca estatura llamó su atención, era aquel a quien sus amigos llamaban El Chueco, hábil con la pelota, poseía una zurda mágica, manejaba el balón como malabarista, parecía un payaso con la obligación de divertir a la masa ávida de espectáculo que rodeaba la cancha. Un dribling por aquí, una gambeta por allá, otro caño por más adelante, pagaba con creces a la ovación de los espectadores, niños, mayores, desempleados, borrachos, rateros, prostitutas y algunos vagos, todos muy exigentes, no perdonaban el mínimo error de su ases.

El Chueco, parecía volar por las nubes, tal vez creía ser un semidiós. La ovación de sus seguidores, lo animaba a cometer más travesuras, aunque en seguida una patada artera de un rival enfurecido por la humillación del caño anterior lo traía de retorno a la tierra, como recordándole que no era más que un miserable mortal.

Es huérfano de padre, su madre se fue con otro hombre, desde los 8 años viví de arrimado en casa de un tío alcohólico, le comenta uno de los hombres que miraban desde el alambrado. Ese chico tiene pasta de campeón, puede ser un gran jugador, complementa otro a tiempo que aplaude una jugada espectacular del pequeño malabarista del balón. El muchacho siempre dibujaba una sonrisa en su rostro, sin duda jugar futbol y arrancar sonrisas y lágrimas de emoción de aquellos desdichados que tenían en él a su propio Messi ó Kaká, lo hacían inmensamente feliz. Él no tenia dinero para compartir con sus admiradores solo podía regalarles su talento, esa magia de su pata chueca que hacia olvidar la triste realidad en la que se encontraban él y sus coterráneos. De aspecto miserable, solo esperaba los domingos para volver a cometer mayores travesuras con la pelota. El partido termino, nuestro héroe marco 4 de los siete goles con los que su equipo gano al rival.

La cancha quedo semivacía, Fede se había quedado sentado en una de las gradas cercanas a la puerta, sumido en sus pensamientos no se percato de la hora, de pronto algo llamo su atención, unos chicos cuya edad no superaba los 18 años paso por su lado iban eufóricos, sintiéndose invencibles en esos instantes, unos mas ebrios que otros, llevaban algunas cervezas en las manos. No lo podía creer, eran el Chueco y los chicos del equipo, quienes a esa edad ya andaban en el mundo del alcohol y las drogas; sintió una profunda tristeza por aquel joven, que al parecer no podía escaparle a las malas compañías, tanto talento desperdiciado, tantos chicos con un futuro incierto… ¿Quién se ocupa de ellos?, ¿Dónde están los cazatalentos, si es que los hay en Bolivia? ¿Donde están los que dicen que los niños son el futuro del país?, ¿Por qué nadie de los llamados a protegerlos, lo hace? Empezó a cuestionarse, sintiéndose él mismo incapaz de substraerse de su propia desdicha.

Mientras nuestros dirigentes del “futbol profesional” buscan jugadores fuera del país, excepto los mendigos, borrachos, un bohemio, alguno que otro padre, niños que no tienen pesos para pagarse una entrada a los estadios de futbol disfrutan el espectáculo de los talentos de barrio, que se pierden entre el olvido y las drogas porque nadie se ocupa de ellos.

El sobrevalorar lo foráneo es todavía algo con lo que se tiene que luchar. Los dueños del futbol boliviano olvidan que los más grandes jugadores de futbol, Maradona, Garrincha, Pelé entre algunos, surgieron de los barrios marginales. Y es que cuando no tienes la suerte de haber nacido en cuna de oro aprendes desde muy niño a hacerle gambetas al hambre y la miseria, entonces correr tras el balón se hace una tarea más fácil. ¿Por qué nos cuesta tanto valorar a nuestra propia gente?

Es un homenaje a esos inocentes del hambre y la miseria, a esos que no tienen más diversión que jugar al futbol, a los eternos olvidados, a esos que sueñan con jugar en un equipo profesional.
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